Son numerosos los abrigos naturales formados por las grandes rocas de rodeno, que eran utilizados por nuestros antepasados para cobijar y proteger el ganado a la vez de tener un sitio donde guarecerse de las inclemencias del tiempo.
Es muy fácil verlos paseando por la zona de las Tajadas o de los callejones de Bezas.
Algunos permanecen en buen estado de conservación aunque llenos de zarzas y otros con los muros derruidos por el paso del tiempo.
En uno de estos abrigos situado en las Tajadas de Bezas, pueden observarse estas caprichosas e increíbles formas. Más bien parecen obras de arte de la naturaleza, que producto de fenómenos erosivos.




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